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Rewind

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La cama, la almohada, la oscuridad de la noche y el quiebre de la voz cuando reconoce que los pasos dados fueron los equivocados. Vamos otra vez. La cama, la almohada, la oscuridad de la noche y la luz tenue de la luna que se mete entre las cortinas, reflejando las grietas del muro, el moho y la radio negra sobre el improvisado escritorio inclinado… de nuevo La cama con el viejo y sucio colchón de espuma, en un rincón de la pequeña habitación a oscuras… y es solo un niño atravesado de pies a cabeza por el ir y venir de la misma letra deformada, del mismo zigzagueo de los sueños que comienzan a acumularse como polvo sobre su pequeña cabeza y sin notarlo…. Sin notarlo…. Mierda, vamos desde cero. Duerme entre el susurro de una vida miserable, que narra poco a poco su ida inevitable hacia un camino del cuál no hay retorno. De su dedo presiona el gatillo, baja por la palma y se difunde por todo su cuerpo, el abandono de la consciencia es acompañado por un breve tono de luz cálida… Vue...

La despedida

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Algo tiene que decir la lluvia cuando toca y se despedaza en el suelo, cuando deshace en ilusiones la imagen vedada, cubierta por manto de sueños. La lluvia cae y se enreda en ella. Dice ella, en un pequeño instante frente al suspiro detenido, guardados en la distancia los silencios, entre los reflejos de los ojos idos, la imagen aparece diluida en los charcos cuando el cielo colapsa y rompe en llanto. Es jueves por la noche en agosto, mes de encuentros y distancias, la transición entre dos opuestos, entre los nubarrones grises y el florecer lento de los colores. Y esta noche llueve de improviso cuando vamos dando paso ligero hacia nuestro punto final. Sobre nosotros la lluvia sinuosa, suave como una letanía y yo sentía que nos pertenecíamos de algún modo y sin decirlo, ambos nos regalamos ese instante, aunque sabíamos que tan sólo sería eso. Frente a frente y se invierten las dimensiones en espejos infinitos, tu y yo y el silencio, tu y yo y la nada, tu y yo una vez más atrapados en u...

Las sombras de las palabras de una conversación

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No hay comienzo al camino que recorro en este palmo, siempre es un mismo pasaje que retoma el paso cansado al mirar hacia atrás y no reconocer nada. Se agotan las palabras al girar el rostro, nunca estuvieron ahí, se marcharon mancharon marchitaron en la mirada… Y ahí se empozan los girones, expandiendo diluyendo atrayendo a sí de lento a nada y de poco agotarse fundirse en el reflejo cálido… (respiro…), distante, pues no se trata de sí ni de mí ni de nadie… Sólo el gesto ante la declaración (mutismo…), pues nada queda por callar más que el silencio mismo: Despojado de toda palabra, de toda belleza, de toda expresión, en el parto partido parido parasitario que cae sin nacer del ojo oculto, mira irse y encontrarse sin que el dolor agobiante pueda calmar ni despojarle de sus penas… el espanto es inevitable (conclusiva...) "no hay lluvia que pueda detener un río"

Desierto

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De un mirar lento sobre la tierra seca y polvorienta que adorna mi destino, la ando sin zapatos y vuelto hacia atrás con el rostro perturbado, callando el recuerdo... cualquiera, da igual Un momento que se hace ante el vacío, en el silencio de un gesto que sobra. Ya los pasos van todos perdidos sin el sueño que los empuja a marchar... un retroceso, una pausa, la caída, da igual Hundo la mirada cansada en esta tierra seca, único espacio para la vida. Lloro y se hace lodazal cuando reaparece la infancia dolida, guardada en el mirar desamparado... hunde y calla todo, da igual Este sentir la perdida arrebata los contornos, con uno se hace el silencio y uno es el polvo. Giro la mirada y detengo el paso extenuante, respiro, respiro, respiro el paisaje con el cual me deshago de mí... en el tacto rompe el llanto, sobre las flores del camino negadas, que yacen perdidas, ataviadas en el espacio infinito en donde todo se hace nada.

Luces atemporales

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Muere el sol al nacer la pena,  que en mis venas malditas, emponzoñada en ella,  desgaja el cielo para recorrerlo en vela. Luz uno   "El día amanece insomne, con un latido ahogado que ante mi triste estrago despilfarra compasión... Cristalino en mí andar, no tardan los nubarrones en soltar algunos lamentos. Veo que se están marchando arrancadas cada una de un tajo... Levantando la mirada para este ocaso, ya no sé lo que es, solo parece una ilusión. Los horizontes umbríos son cada vez más cercanos... ante mí el abismo, la voz quebrada se calla." Luz dos "Claridad sobre unos rostros aletargados, ante una tenue luz de un sol lejano y sinuoso. Aparece tan ligera como una sombra sobre la espalda. Se agita bajo el silencio, oscurece su hermosura detrás de unos mantos negros. Estos ojos que ven en su mañana el morir, se despedazan cual vitrales ante su paso de ensueño. Son como emociones constreñidas en el alma, que perecen ante la sonrisa de un...

Hogar

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"Se pierde la luz en el fondo de esa mirada cristalina, depositada en paramos vacíos en colores de ocaso. Mira por la ventana entreabierta una tarde silente, sintiendo un suspiro de primavera recorrer su rostro cual caricia inocente del primer amor, se acuerda de él y lo deja ir, una vez más. Una brisa empuja unas voces infantiles que habitan en su alma, rodeadas de aquellas flores prohibidas, bañadas por el sol dorado del domingo eterno, le hablan de la ausencia de sus sonrisas, de sus manos sucias por el barro. Le hablan de la lluvia que se empoza en la mirada, que rueda por las mejillas y se desvanece entre los dedos de unas manos agrietadas." El espacio onírico y la soledad de un cuarto de asilo, su sola figura que lentamente se convierte en ausencia. Depositan unos claveles en un jarrón de lata antiguo, la observa con cariño y dibuja en su rostro una sonrisa mientras el cielo se ilumina. Se acerca un poco más en la levedad del instante, la abraza y deja caer su ca...

La ciudad de papel

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Me pierdo en el ritmo incesante de esta ciudad, en unas miradas fugaces que se escabulle entre los muros y los reflectores de las vitrinas. Cada quien que me entrega una mirada pasajera, entre los segundos que no se detienen, se torna en una figura difusa junto al movimiento del viento, arrastrada por éste cual hojas de papel que se dispersan y desvanecen entre callejones y avenidas. Desde una banqueta al borde de una plaza, veo el blanco resplandeciente de cada alma que me rodea, contemplando en ellas la pureza que nos entrega la incertidumbre del mañana, repito que al final del día somos todos inocentes. Estos edificios y sus muros, torres de papel donde se escriben historias incompletas, donde surge la fantasía del aquí y el ahora, donde conocer y desconocer las emociones que nos mueven al siguiente cuadro, a la siguiente escena, a la siguiente ilusión. Cada quien tiene un cuerpo que es papel. Me detengo en aquel que se estira por el espacio cual bosquejo, escribo en sus contornos ...

Movimiento mudo

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Mirada transitoria sobre un paisaje aletargado por la sombra que se desplaza y desvanece en un profundo y cálido respiro de la memoria. Eso somos, una figura que se diluye en un crepúsculo blanco, cayendo cual gotas sobre las pozas negras del alma. Eso nos hicimos en cuanto silenciamos nuestro mundo y nos abandonamos a la contemplación parsimoniosa del cuerpo ido, de la ausencia viva. Nuestro encuentro es un segundo detenido en la expectación inocente de aquello que dejamos de ser en el mismo instante en que nos hicimos y deshicimos en un cruce de miradas que dejamos atrás, para no volver.

Sonetos Desconocidos

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Sonetos de maldad concebida, en esta noche, donde el tiempo vuela en el silencio de mi ser. Mañana será un día donde amanezca entre las sombras y susurre pasivamente el fin que espero. No se qué decir, tengo la vida detrás de los espejos, y nunca me veo realmente. Las puertas que se abren y se cierran a portazos, el viento que gime y la luz escasa que muestra la ridícula realidad. Diré lo que siempre digo y luego desapareceré en sonetos de mí ser. Este momento dedicado a un instante, en un segundo de alguien desconocido: "El pórtico en luz de ocaso, y mi ser callado. Soy admirador del sonido que no cesa, de las hojas que caen y de las cosas que nunca suceden y son siempre esperadas. El cielo rojo de atardecer, desangrándose lentamente ante la presencia romántica de mis anhelos confusos. En palabras expreso mi fascinación por el momento muerto que presencio ahora y ahora y ahora. Veo al árbol seco, en medio de mi jardín floreado, el cerezo que apenas entrega flores y las que d...